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Venezuela: presos políticos primero, elecciones con fecha

Vierne5. / La Voz Del Lector.

Lectores exigen liberar a todos los presos políticos y analizan las propuestas de María Corina Machado y Delcy Rodríguez.

Liberación de presos políticos; María Corina Machado y la transición; elecciones presidenciales en Venezuela; verdad, justicia y reparación.

Nos escriben lectores con una preocupación que no debería perderse entre los discursos, las celebraciones y las promesas de transición: todavía hay presos políticos en Venezuela. La primera rueda de prensa de María Corina Machado, celebrada el 29 de octubre en Caracas, despertó entusiasmo por sus propuestas de elecciones, participación ciudadana y justicia. Pero también dejó una exigencia que atraviesa los mensajes recibidos: que la libertad de quienes permanecen encarcelados no quede relegada mientras avanza la negociación política. Porque una transición que habla de reconciliación, pero conserva personas detenidas por razones políticas, sigue teniendo una deuda fundamental con sus ciudadanos.

Los lectores coinciden en reconocer el significado del regreso de Machado, aunque discrepan sobre las prioridades y los tiempos. Algunos consideran que la dirigente debe aumentar la presión pública para conseguir nuevas liberaciones. Otros recuerdan que ella ha mantenido ese compromiso y que las decisiones sobre las excarcelaciones continúan dependiendo de las autoridades que controlan las instituciones.

En medio de estas opiniones surge una advertencia profundamente humana: no olvidar a quienes siguen esperando detrás de las rejas ni a las familias que viven pendientes de una llamada, una visita o una noticia sobre su libertad.

Los presos políticos no pueden ser una causa secundaria

Uno de los lectores dirige a María Corina Machado una petición especialmente emotiva: que recuerde siempre a los presos del pueblo y convierta su liberación en una prioridad visible.

No pretende descalificar anticipadamente sus actuaciones. Su preocupación es que los nombres menos conocidos desaparezcan del debate público mientras la atención se concentra en los dirigentes más reconocidos.

Los llama los soldados desconocidos: ciudadanos que participaron en actividades políticas, manifestaciones o labores de organización y cuyas historias no siempre alcanzan la misma visibilidad.

En su mensaje recuerda a figuras como Juan Pablo Guanipa, Perkins Rocha, Freddy Superlano, Jesús Armas y otros activistas que han enfrentado detenciones o persecución. Algunos han recuperado la libertad, mientras que los expedientes y situaciones judiciales de otros requieren seguimiento individual.

La preocupación del lector no consiste en presentar a todos como actualmente encarcelados, sino en evitar que las liberaciones de figuras conocidas hagan olvidar a quienes todavía necesitan respuestas.

Otro participante responde que todos los presos políticos son importantes para Machado y recuerda que la dirigente no controla las decisiones de excarcelación. Esa observación introduce un matiz necesario: exigir resultados a un liderazgo no significa atribuirle facultades que todavía no posee.

Lo que sí puede pedirse es que el reclamo permanezca en el centro de la agenda pública y de cualquier negociación orientada a la reconciliación nacional.

322 personas que siguen esperando la libertad

Los datos permiten comprender la magnitud de la preocupación ciudadana.

Según el balance de Foro Penal, actualizado al 26 de octubre de 2026, Venezuela registraba 322 presos políticos: 182 civiles y 140 militares.

De ese total, 171 personas permanecían detenidas sin condena y 151 habían recibido sentencia. La organización también documentaba miles de ciudadanos sujetos a medidas judiciales que restringen su libertad.

Las cifras muestran que las excarcelaciones realizadas durante el año constituyen avances importantes, pero todavía no representan una solución completa.

Además, recuperar la libertad física no siempre significa obtener libertad plena. Algunas personas continúan sujetas a obligaciones de presentación, prohibiciones de salida del país u otras medidas restrictivas.

La diferencia importa. La reconciliación no debería medirse únicamente por la cantidad de personas que abandonan una prisión, sino también por la restitución efectiva de sus derechos y la revisión de los procesos que dieron origen a sus detenciones.

Para las familias, cada día cuenta. Detrás de una cifra hay padres, madres, hijos y parejas que han tenido que aprender a vivir con la incertidumbre.

María Corina Machado: memoria, justicia y reparación

Durante su rueda de prensa del 29 de octubre en el Aula Magna de la Universidad Católica Andrés Bello, María Corina Machado reiteró su compromiso con la liberación de los presos políticos y la defensa de las víctimas de violaciones de derechos humanos.

La dirigente afirmó que no descansará hasta conseguir la libertad del último venezolano detenido por razones políticas, sea civil o militar.

También propuso que un futuro gobierno promueva una comisión de la verdad integrada por venezolanos y especialistas internacionales independientes, encargada de escuchar a las víctimas, esclarecer los hechos y plantear mecanismos de reparación.

La propuesta fue recogida por Monitoreamos, que documentó sus declaraciones sobre justicia y garantías de no repetición.

Para varios lectores, ese planteamiento representa uno de los aspectos más sólidos de su intervención.

La necesidad de una comisión de la verdad no excluye la actuación de tribunales independientes. Por el contrario, ambos instrumentos pueden complementarse para esclarecer responsabilidades, reconocer a las víctimas y evitar que los abusos vuelvan a repetirse.

Otro lector observa que la reconstrucción democrática necesita incorporar a ciudadanos de distintas posiciones políticas, siempre que exista disposición a respetar las instituciones y asumir responsabilidades.

La reconciliación, desde esta perspectiva, no debería confundirse con impunidad ni convertirse en una promesa de olvido colectivo.

Dos discursos y una diferencia fundamental: la fecha electoral

El 29 de octubre también estuvo marcado por una intervención de Delcy Rodríguez, transmitida poco antes de la comparecencia de Machado.

La presidenta encargada prometió celebrar las elecciones previstas en la Constitución con un Consejo Nacional Electoral renovado, pero no presentó una fecha concreta.

También anunció instrucciones para impedir detenciones sin orden judicial, salvo los supuestos de flagrancia establecidos en la legislación.

Las declaraciones fueron recogidas por la agencia EFE.

Los lectores observan una diferencia importante entre ambas intervenciones.

Machado vinculó su estrategia a elecciones presidenciales durante 2027 y a la necesidad de renovar las instituciones judiciales y electorales. Rodríguez habló de elecciones futuras y garantías políticas, pero sin establecer un calendario definitivo.

Para algunos participantes, esa ausencia de fechas representa una estrategia para ganar tiempo. Es su interpretación política, no una intención que pueda darse por demostrada.

Otros consideran que reformar instituciones antes de convocar elecciones exige negociaciones complejas, aunque reconocen que el proceso necesita plazos verificables.

La discusión plantea una exigencia razonable: Venezuela debe conocer qué reformas se realizarán, quién tendrá la responsabilidad de ejecutarlas y cuándo podrán los ciudadanos acudir a las urnas.

Las garantías constitucionales deben sentirse en la calle

Uno de los lectores cuestiona que Delcy Rodríguez presente como novedad el respeto a derechos que ya están reconocidos en la Constitución.

Su argumento es sencillo: si las autoridades garantizan que nadie será detenido arbitrariamente, esa promesa debe reflejarse inmediatamente en la situación de quienes fueron privados de libertad sin las garantías correspondientes.

El vicepresidente de Foro Penal, Gonzalo Himiob, expresó una preocupación semejante al señalar que el anuncio de impedir detenciones sin orden judicial resulta positivo, pero insuficiente mientras existan personas encarceladas en circunstancias incompatibles con esas garantías.

La cuestión trasciende el lenguaje político. Una garantía constitucional no adquiere valor porque una autoridad la repita ante las cámaras, sino porque las instituciones la respetan y los ciudadanos pueden exigir su cumplimiento.

La libertad de expresión, el derecho a manifestarse pacíficamente y la protección frente a detenciones arbitrarias deben funcionar con independencia de las simpatías políticas de cada persona.

El liderazgo, las apariencias y la credibilidad

Los lectores también comentan las diferencias de estilo entre María Corina Machado y Delcy Rodríguez.

Algunos elogian la preparación, la firmeza y la claridad de Machado durante sus respuestas a los periodistas. Otros consideran que Rodríguez intenta proyectar una imagen renovada para presentarse como garantía de estabilidad y transformación institucional.

Incluso aparecen comparaciones sobre la vestimenta, los gestos y la forma de comunicarse de ambas dirigentes.

Esas observaciones forman parte de la percepción ciudadana, pero no permiten establecer las intenciones personales de ninguna de ellas.

La política utiliza símbolos y recursos comunicacionales. Sin embargo, la credibilidad de un liderazgo no debería depender principalmente de la apariencia, sino de su trayectoria, sus decisiones y la coherencia entre lo que promete y lo que hace.

Uno de los lectores utiliza una comparación particularmente severa: cuestiona que quienes participaron durante años en la conducción del Estado puedan presentarse ahora como los únicos capaces de reparar sus daños.

La reflexión expresa una desconfianza que debe entenderse como opinión política. La responsabilidad individual por actuaciones ilegales requiere investigaciones y decisiones judiciales, no únicamente juicios sobre la trayectoria de una persona.

Pero el reclamo de fondo permanece: quienes prometen corregir los errores del pasado deben explicar cómo piensan hacerlo y qué garantías ofrecerán para impedir su repetición.

Apoyar a una dirigente también significa poder exigirle

Los mensajes muestran una tensión frecuente en los movimientos políticos: el entusiasmo por un liderazgo puede convivir con la necesidad de discutir sus decisiones.

Algunos lectores piden respaldo sin vacilaciones a María Corina Machado y consideran que sus años de lucha justifican confianza en su conducción.

Otros, sin dejar de reconocer su liderazgo, insisten en que el apoyo ciudadano no debe impedir las preguntas sobre los presos políticos, los tiempos electorales o las condiciones de la negociación.

Ambas posiciones expresan una preocupación por el futuro del país.

La democracia necesita líderes capaces de tomar decisiones difíciles, pero también ciudadanos con independencia de criterio. Exigir explicaciones no equivale necesariamente a debilitar un proyecto político.

Una sociedad que aspira a dejar atrás el autoritarismo debe preservar el derecho a disentir incluso dentro de los espacios con los que se identifica.

La libertad de los últimos presos será una prueba decisiva

En Vierne5 creemos que el periodismo independiente debe abrir espacio a estas voces porque recuerdan una realidad que puede quedar eclipsada por la confrontación entre dirigentes: todavía existen personas privadas de libertad por razones políticas y familias que esperan justicia.

Las promesas de elecciones, las reformas institucionales y los discursos sobre reconciliación deben traducirse en decisiones comprobables.

La situación de los presos políticos puede convertirse en una medida concreta de los avances de la transición. Cada excarcelación debe ser verificable, cada proceso cuestionado merece revisión y cada persona liberada debe contar con garantías efectivas de sus derechos.

El país también necesita verdad sobre los abusos denunciados y mecanismos de reparación que coloquen a las víctimas en el centro de la reconstrucción nacional.

La primera rueda de prensa de María Corina Machado después de su regreso abrió una nueva etapa de discusión política. La intervención de Delcy Rodríguez confirmó que ambas ofrecen visiones diferentes sobre cómo avanzar y quién debe conducir los cambios.

Pero ninguna de esas visiones puede desplazar una exigencia esencial: la libertad debe alcanzar también a quienes todavía esperan detrás de las rejas.

Uno de los lectores resume el sentimiento con una expresión breve: “No aflojemos”. Otro insiste en que no basta recordar ocasionalmente a los presos y a sus familias.

La esperanza venezolana necesita sostenerse sobre hechos. Y entre esos hechos, pocos serían tan significativos como conseguir que el último preso político recupere su libertad y que ningún ciudadano vuelva a ser perseguido por ejercer pacíficamente sus derechos.

Porque una transición no puede considerarse completa mientras la libertad siga llegando solamente para algunos.

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