La tiranía constitucional en los gobiernos comunistas

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Victor Julio Escalona. Editor, Escritor, Consultor Generalista. FOTO: vierne5.com

Cuando las leyes se convierten en herramientas de Oopresión y el Estado de Derecho se desvanece.

Siguiendo con mi anterior editorial, resulta crucial destacar una peligrosa paradoja que caracteriza a los gobiernos comunistas en Venezuela: la tiranía constitucional. Contrario a lo que muchos podrían suponer, no existe una dictadura en su forma tradicional; más bien, el régimen ha desarrollado un sistema donde la apariencia de legalidad encubre la opresión, manipulando la constitución para subyugar a la ciudadanía.

Este tipo de gobierno ha perfeccionado el arte de construir una fachada democrática, utilizando las mismas instituciones legales que deberían proteger a los ciudadanos. Bajo el manto de esta legalidad, se realizan elecciones cuyos resultados son, a menudo, un reflejo de un proceso viciado y controlado. Los tribunales, que deberían ser la salvaguardia de los derechos, se transforman en instrumentos para legitimar la represión. Los cuerpos de seguridad, que tienen la responsabilidad de proteger, se convierten en instrumentos de intimidación.

En lugar de gobernar abiertamente a través de la fuerza, esta tiranía constitucional se mantiene mediante el miedo, la vigilancia y la manipulación. Utiliza leyes ambiguas para criminalizar la disidencia y hostigar a los opositores. Se alinea con medios de comunicación afines para difundir propaganda y desinformación, silenciando las voces críticas y creando una narrativa oficial que distorsiona la realidad.

La mayor amenaza de esta tiranía constitucional es que disfraza su abuso de poder como legalidad. Justifica las restricciones a la libertad bajo el pretexto de «preservar la seguridad nacional» o «proteger al pueblo». Las expropiaciones de empresas privadas, por ejemplo, son presentadas como medidas para «garantizar la justicia social», mientras que el control cambiario es defendido como una forma de «proteger la economía». Sin embargo, estas medidas solo profundizan la crisis y perpetúan el sufrimiento del pueblo.

La manipulación constitucional socava la esencia misma de la democracia, ya que convierte los procesos y las instituciones en instrumentos al servicio de un grupo en el poder. Debemos ser conscientes de esta estrategia y no dejarnos engañar por las declaraciones de un régimen que manipula la legalidad para perpetuarse. La verdadera democracia solo puede florecer en un terreno donde las instituciones operen con transparencia, independencia y respeten la voluntad popular.

En un mundo donde la tiranía puede esconderse bajo la máscara de la legalidad, el compromiso con los principios democráticos y la protección de las instituciones independientes es más urgente que nunca. La historia nos enseña que la libertad debe ser vigilada y defendida de quienes, desde las sombras del poder, buscan transformar la constitución en un arma para la represión.

Victor Julio Escalona
Editor

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