Aporte nutricional de la lechuga
Como la mayoría de las verduras de hoja verde, las lechugas son de escasa duración por lo que es imprescindible saber elegirla y conservarla. Hay que elegir los ejemplares más enteros, de color uniforme y vivo con las hojas tiernas pero no marchitas, sin agujeros o zonas descoloridas.
En torno a la lechuga existen diferentes mitos como el que afirma que engorda especialmente si se consume de noche. Lo cierto es que al ser muy rica en fibra puede producir flatulencias y hacer que algunas personas se sientan más hinchadas. Para resolverlo se recomienda no consumirla en grandes cantidades y cortarla en juliana, es decir en porciones pequeñas así como masticarla lentamente.

Otro de los mitos es que retiene líquido, sin embargo, muy al contrario de este mito, la lechuga contiene gran cantidad de agua que unida al potasio aumenta la diuresis, es decir, favorece la eliminación de agua.
La lechuga contiene proteína completa porque tiene todos los 8 aminoácidos esenciales.
Calcio y omega 3. Contiene vitaminas y es rica en minerales y Omega 3.
Rica en vitamina C y vitamina A, que juegan un papel clave en el equilibrio y mantenimiento de muchos sistemas en el cuerpo.
Hierro. Una cabeza de lechuga romana contiene 6 mg de hierro, lo que supone una importante fuente de hierro en la dieta de los vegetarianos y veganos. Es una buena fuente de hierro por lo que resulta ideal su consumo en casos de anemia y de fatiga.
Su contenido en vitamina K ayuda al crecimiento de la masa ósea. Esta vitamina está también relacionada con el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer.
Como sucede con la mayoría de los vegetales de hoja verde, la lechuga es rica en beta-caroteno, vitaminas del grupo B y K.
Rica en minerales. La hoja verde de la lechuga es muy rica en minerales como cobre, magnesio, fósforo, potasio, selenio y zinc.

