Apagón Indefinido
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Cuando se apaga la luz, también se apaga la esperanza de millones de venezolanos

Por Redacción Política | Vierne5
Otra vez, el régimen anuncia un nuevo ajuste de horario laboral “temporal” para ahorrar energía. Otra vez, el país entero se sumerge en la oscuridad con excusas recicladas: que si la sequía, que si el cambio climático, que si una iguana que mordió un cable. Pero lo cierto es que lo que estamos viviendo no es un problema climático, es el resultado de más de dos décadas de corrupción, desidia y destrucción sistemática de la infraestructura eléctrica nacional.
Desde esta tribuna lo decimos con claridad: el apagón no es solo eléctrico, es total. Es un apagón de derechos, de libertades, de oportunidades. Es un apagón que lleva años socavando la calidad de vida del pueblo venezolano, que trabaja de sol a sol sin garantías, sin electricidad, sin transporte, sin servicios, sin esperanza.
El gobierno ha decidido reducir el horario laboral a apenas cuatro horas y media diarias en oficinas públicas. Y si bien lo presentan como una “medida de contingencia”, en realidad es una confesión tácita del colapso absoluto del Sistema Eléctrico Nacional. No hay plan estructurado, no hay inversión seria, no hay responsabilidad. Solo hay más parches, más improvisación y más oscuridad.
Un país a media máquina
Mientras otros países apuestan por la innovación, la eficiencia energética, y el desarrollo sostenible, en Venezuela retrocedemos cada día más. El país que en los años 80 exportaba electricidad a Colombia, hoy no puede garantizar ni 8 horas continuas de luz en sus principales ciudades.
En el interior del país, donde los apagones duran 12, 18 y hasta 24 horas diarias, la desesperanza ha dejado de ser un sentimiento para convertirse en rutina. Y si a eso le sumamos la falta de agua, la escasez de gasolina, el colapso de los servicios de telecomunicaciones y el deterioro del sistema de salud, entendemos que no se trata de una “emergencia puntual”. Es una crisis estructural que el chavismo no solo ha provocado, sino que perpetúa.
La gran mentira del “sacrificio temporal”
El régimen intenta vendernos esta medida como un mal necesario, como un “sacrificio compartido”. Pero todos sabemos que ni Maduro ni su cúpula experimentan los apagones. Sus casas están conectadas a plantas eléctricas. Sus vidas no se interrumpen. Su bienestar no se sacrifica.
El sacrificio es para el pueblo. Para el pequeño comerciante que pierde sus productos por falta de refrigeración. Para la madre que cocina con leña porque no tiene gas ni luz. Para el estudiante que no puede conectarse a internet. Para el paciente que muere porque el hospital no tiene energía para operar.
Una nación en penumbras
No es solo la electricidad lo que se nos ha ido. Se nos ha ido la luz como símbolo. La luz del futuro, del desarrollo, del progreso. Y lo más grave es que este apagón es indefinido, porque no hay voluntad política para encender el país.
Cada medida del régimen es un recordatorio de que no estamos frente a una crisis circunstancial, sino frente a un modelo fracasado que solo sabe gobernar entre sombras. Apagan la luz para que no veamos el desastre, para que no salgamos a la calle, para que no pensemos, para que no protestemos.
Pero desde Vierne5 lo decimos con firmeza: aunque apaguen la luz, no apagarán la verdad. Ni la resistencia. Ni el deseo profundo de ver nuevamente a Venezuela iluminada por la democracia y la libertad.
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