Reinaldo Quijada: Ya no es posible una gran alianza para las parlamentarias, dice

«Muchos partidos, principalmente los judicializados, aunque también los de la Mesa de Diálogo Nacional, tienen una posición de poca independencia con relación al gobierno, porque son esclavos de los pactos», señala el presidente del partido Unidad Política Popular (UPP89).
Pero, agrega, “hay que participar porque las legislativas son una oportunidad para seguir enfrentando al gobierno más nefasto, demagógico y cínico de la historia republicana del país”.
Nació en Suiza, el 21 de noviembre de 1959, cuando su padre, Manuel Quijada, casado con Evelina Cervoni, era representante de Venezuela en la ONU. Hoy tiene 61 años. Es venezolano de nacimiento porque su madre dio a luz en la embajada venezolana en Suiza. Ex candidato presidencial, hoy dice que hay que votar porque las legislativas “serán una oportunidad de tener una voz sonora en el Parlamento para seguir enfrentando al gobierno más nefasto, demagógico y cínico de la historia republicana de la nación”.
Presidente del partido Unidad Política Popular 89 (UPP89), Reinaldo Quijada estuvo vinculado a chavismo, y la misma Wikipedia señala que, “en febrero de 1992, cuando el golpe de Estado de Hugo Chávez contra Carlos Andrés Pérez, lo apoyó abiertamente”.
Ese mismo año, precisa el portal, fundó junto a otros compañeros activistas, el Frente Patriótico, que apoyaba ideas socialistas. En 2008 se convierte en miembro del PSUV, y por ese partido ocupó el cargo de vocero principal en El Cafetal, Caracas. Ese mismo año fue precandidato a la gobernación de estado Miranda en las elecciones primarias del Partido Socialista Unido de Venezuela donde obtuvo 1.513 votos (0,97%).
En 2013, tras la muerte de Chávez, el PSUV sufrió una serie de cambios que llevaron a Quijada, junto a otros miembros del MEP, a abandonar la idea de participar en el gobierno de Nicolás Maduro, y en 2015 funda el partido Unidad Política Popular (UPP89), con el que va a las parlamentarias, aunque él no está postulado.
Quijada fue en 2018 candidato presidencial con el apoyo de UPP89. Se deslinda absolutamente del gobierno y anuncia que apoyará un proceso revolucionario “que Nicolás Maduro ha abandonado”.
“El fracaso de algo llamado revolución”
El en sitio Aporrea, Quijada escribió el 15 de marzo de 2019, un artículo titulado “El fracaso de algo llamado revolución”, un material en el que somete a revisión lo que está pasando en el momento. Dice que los venezolanos “intentamos regresar a la normalidad en un país donde es imposible hacerlo, donde las vicisitudes y los contratiempos, la indignación y el hastío parecieran no tener límites, donde uno se levanta cualquier día, sale a la calle y sabe que algo desagradable no tardará en suceder, bien sea porque lo ve o lo escucha, pero frecuentemente porque lo vive”.
“Asfixia la banalidad –agrega-, el cinismo y la sordidez gubernamental, sus mensajes difundidos de manera sofocante por medios oficiales, radio y televisión, y repetidos una y otra vez, y que son como golpes a la puerta, de un torturador ciego y obsesivo, que no duerme, ni descansa; donde las alocuciones presidenciales son los sonidos y los ruidos invariables, o el repiqueteo monótono e insoportable de un martillo hidráulico que vibra, perfora y demuele, en manos de un operario sordo de nacimiento”.
“El lenguaje oficial sólo sirve para articular mentiras, entelequias e inexistencias” añadiría,
Deploró que el sentido de país no exista, “y el de nación tampoco”. Se ha perdido.
¿Qué somos o hacia dónde vamos? Cuesta saberlo. No creo que un país sea un país cuando no existe alguna moneda, de bajo valor facial, que permita pagar el llenado completo de un tanque de gasolina de un carro, de un autobús o de un camión. Cuando un botellón de agua potable puede llegar a pagarse en dólares, cuando el papel billete no es sólo un instrumento de pago sino es, usualmente, una mercancía más que se compra y se vende al mejor postor, y cuando la moneda nacional ha dejado de ser una expresión del valor, del trabajo productivo de una sociedad, cuando los autobuses del transporte público son frecuentemente camiones de carga o camiones cavas, cuando la basura que genera cualquier familia, en su actividad humana cotidiana, no permanece en las bolsas plásticas usuales sino es despensa de comida, o plato de asfalto o de cemento que comparten, por igual, seres humanos y perros de la calle, cuando la llegada de un barco con un cargamento de billetes de banco o de un simple despacho de trigo panadero es un acto de gobierno con la presencia de ministros y gobernadores de estado, y es anunciado con gran solemnidad mediática, al igual que cuando cualquier simple mantenimiento, rutinario en cualquier otro país del mundo, de los puentes, centros de salud, escaleras mecánicas del metro o servicio público cualquiera, es exaltado como una iniciativa extraordinaria de gobierno que nos llevará por la senda del progreso.
Un país en el que -añadió-, cuando los funcionarios públicos que fracasan o son acusados de corrupción, son condecorados en vistosos actos públicos, funcionarios que son realzados con honores o ascendidos de cargo, “cuando se miente tanto y tan seguido, con absoluto descaro y desfachatez, y se burlan tanto de la gente noble, cuando el ejercicio de la función pública transita entre trajinadas promesas y acres ilusiones”.
-Hacer política bajo esas condiciones y circunstancias anormales se vuelve en Venezuela algo desagradable e incómodo, casi estéril.
“No hay discusión política seria, particularmente en la esfera del gobierno. No hay, ni siquiera, declaración seria; hay una falta absoluta de rigor en lo que se dice y se hace. El país es un desastre absoluto y se sigue hablando del “año de la recuperación económica” o del “país potencia” que seremos. O de “batallas épicas” y “victorias”. La ligereza priva por doquier. La vacuidad también. Lo que pretendió ser una revolución, nunca llegó a serlo o se desdibujó completamente en el camino bajo la conducción de unos oficiantes de la política irresponsables, moradores de óxido y herrumbre del país, comensales opulentos del banquete y del festín”.
Pero más temprano que tarde –puntualizaba-, volverá la vida normal..
– ¿A estas alturas, es posible una coalición de gran alcance de las fuerzas de oposición antes del 6 de diciembre?
-No. Imposible. UPP89 intentó durante 18 meses (desde febrero 2019), hacer lo que llamamos una «alianza robusta», pero fue imposible porque muchos partidos, principalmente los partidos judicializados, aunque también los de la Mesa de Diálogo Nacional, tienen una posición de poca independencia con relación al gobierno. Hicieron compromisos y, en alguna medida, son esclavos de esos pactos. En general diría que hay un exacerbado pragmatismo que atenta contra la posibilidad de una coalición. Hay mucha timidez en las críticas al gobierno en la casi totalidad de los partidos de oposición habilitados para participar en las elecciones de diciembre.
– ¿Tienen alguna importancia estas elecciones para recomponer un país en quiebra?
-La única posibilidad de recomponer el país que está en quiebra general – quiebra económica pero también quiebra ética, quiebra política, quiebra institucional, quiebra democrática y constitucional, es salir del gobierno de Maduro. Las legislativas serán una oportunidad de tener una voz sonora en el Parlamento para seguir enfrentando al gobierno más nefasto, demagógico y cínico de la historia republicana del país.
– ¿Considera, como lo advierten destacadas personalidades del país que después del 6-D se desatará la gran debacle para las fuerzas opositoras?
-No. No es lo que nosotros creemos. Nosotros vislumbramos que, desde el terreno opositor, habrá una gran debacle en aquellos factores políticos de oposición que han aceptado «cohabitar» con el gobierno. No es el caso de la UPP89 que ha enfrentado, y seguirá enfrentando un gobierno que se burla e irrespeta, y manipula, todos los días, a cada hora y minuto, al pueblo venezolano, a todos nosotros los ciudadanos y ciudadanas.
Habrá una recomposición en la oposición y permanecerá vigente y con mayor fuerza la verdadera oposición, aquella que desempeña un rol auténticamente crítico y no se doblega ante el gobierno.
– ¿Cómo vislumbras el país después del 6-D?
-Lo señalé parcialmente en la respuesta anterior. Habrá una recomposición de la oposición. El país seguirá su descenso vertiginoso, producto de la absoluta ineptitud del gobierno y su incapacidad total de entender la trascendencia de la acción política, su insensibilidad ante el sufrimiento del pueblo.
Sin embargo, los pueblos suelen tardar en pronunciarse, pero siempre terminan manifestándose y se impone la dignidad, hoy humillada. El gobierno olvida una premisa de la vida: «Todo lo que es, tiene su fin». Este gobierno terminará saliendo, más temprano que tarde, por vías democráticas.
-¿Es sensato ir a votar? ¿Es sensato no ir a votar?
-Nosotros hemos optado por el camino de votar, que es el camino de expresarnos, de hablarle al país, de levantar nuestras voces de protesta, en un proceso electoral que, ciertamente, no será equilibrado. Entendemos que varios partidos no quieran participar porque no es fácil hacerlo cuando les han quitado sus instrumentos de lucha democrática e inhabilitado sus principales dirigentes. Actuamos con ellos desde la comprensión, no desde la descalificación. Ellos tienen muchas razones para no querer participar.
-¿Cree que la gente va a salir a votar este 6 de diciembre?
-Sí, sí saldrá, aunque el reto nuestro, de la UPP89, es decirle al país que hay algunas opciones electorales, sin duda muy pocas, que estamos realmente enfrentados al gobierno y no aceptamos la ignominia en que nos hace vivir y que, incluso, ha llevado a 5 millones de compatriotas a irse en busca de mejores condiciones de vida para sí mismos pero, sobre todo, para sus familiares, padres e hijos, que dejan aquí y que dependen, un número considerable de ellos, de las remesas que reciben del exterior. ¡Una deshonra para cualquier gobierno que tuviera un mínimo de vergüenza y dignidad!
– ¿A qué riesgos se está exponiendo Venezuela? ¿Se puede aguantar más de lo que está viviendo?
-Los países suelen no tocar fondo. El retroceso en todas las áreas fundamentales de la vida de cualquier nación es espeluznante. El gobierno está aferrado al poder y nada le importa. Lo que tenemos ni siquiera se puede llamar gobierno, es «algo», expresado así con un pronombre indeterminado que no sabemos qué es, sin principios, ni ideología definida.
–Por favor, denos un juicio de la dirigencia política que hoy tenemos en Venezuela.
¿Cuál dirigencia política? No tenemos, en el gobierno, una verdadera dirigencia política; son, utilizando palabras del ex-presidente uruguayo «Pepe» Mujica, comerciantes de la política que buscan comprar el apoyo de una parte del pueblo con dádivas y otros beneficios materiales o monetarios.
–Háblenos de economía, ¿qué debemos hacer?
-En nuestro programa de gobierno, con motivo de las elecciones presidenciales del 2018, difundimos un documento extenso que tiene como título, «La vía para salir de la crisis«. Voy a resumirlo en dos elementos primordiales: 1) Hay que salir de este gobierno nefasto. Paradójicamente – la salida de un gobierno – , termina siendo una medida económica, 2) Es imposible salir de una crisis, ningún país del mundo puede hacerlo, si su economía no produce nada o produce muy poco, que es el caso de la Venezuela actual y del drama que vivimos.
-¿Cuánto puede mantenerse un gobierno al que nadie le tiene confianza, credibilidad?
-El gobierno ha creado todo un entramado férreo de control institucional y ha sometido al pueblo por vía del control social y de una relación de dependencia pueblo/gobierno para seguir explotándolo y mantenerse en el poder. Son pocos los casos en la historia de la humanidad, similares a los de Venezuela: es la perfidia y el cinismo llevados hasta un grado extremo.
-¿Es necesario un outsider? ¿Acaso lo hay uno en nuestro escenario político?
-A riesgo de parecer presuntuosos, ese «outsider» es la UPP89. Y nuestra lucha por reencontrarnos con la “dimensión ética de la política», extraña – hoy día – en el mundo, pero posible.
F.R.Y.
Viernes/
