«Venezuela: Una nación, un culpable»
Vierne5 / Editorial:
«Del ocaso democrático a la esperanza renovada: La encrucijada venezolana y el deber global»

La política tiene sus vericuetos, sus laberintos oscuros donde las imágenes reflejan realidades a menudo difíciles de digerir. Una de esas imágenes, que recientemente acarició la conciencia global, fue la liberación de Roland Carreño. La alegría de su excarcelación no fue solo por la libertad de un hombre, sino por la liberación de alguien que, en principio, nunca debió ser prisionero de conciencia en una nación que alguna vez fue el faro de democracia en la región.
Sin embargo, como si se tratase de un triste contrapunto, otras imágenes, igualmente poderosas, nos sacuden: venezolanos esposados con pesadas cadenas, siendo embarcados en un avión de regreso al país del que intentaron huir en busca de un futuro mejor. En el rostro de estos migrantes, se lee la historia de un país quebrantado.
¿Qué hizo que Venezuela, tierra de abundancia y cultura, se desmoronara? ¿Cómo se llegó al punto de encarcelar a periodistas y expulsar a aquellos que simplemente buscan una vida mejor?
La respuesta es clara y resuena en la conciencia colectiva: NICOLÁS MADURO MOROS. No como figura individual, sino como representación de un sistema que ha llevado a la ruina a un país rico en recursos y en historia.
Paradójicamente, mientras Venezuela enfrenta estos desafíos, el gobierno de Estados Unidos ha decidido levantar temporalmente las sanciones a la nación sudamericana. La condición: que Venezuela celebre elecciones verdaderamente libres y democráticas. Desde esta tribuna, nos aventuramos a reflexionar sobre un posible escenario: si Maduro y sus colaboradores reconocen una potencial derrota electoral y aceptan pacíficamente los resultados, podrían retirarse del escenario político sin mayores repercusiones.
Parece una fantasía pensar en un Maduro disfrutando tranquilamente de los frutos de su gobierno, en alguna parte del mundo, mientras reflexiona sobre su vida. Quizás, con una sonrisa irónica, pensaría: “Menos mal que solo fui un chofer, porque si hubiera sido un profesional, no estaría disfrutando de todos estos placeres de la vida”.

La Venezuela de antaño, la nación próspera y enviable, es un recuerdo lejano. Sin embargo, ese recuerdo debería ser el norte, el faro que guíe al país hacia un futuro mejor. La esperanza es que, en el horizonte, se vislumbre un nuevo amanecer para Venezuela, donde la justicia, la democracia y la prosperidad sean más que simples anhelos. Es hora de mirar hacia adelante, con la determinación de nunca volver a permitir que un solo individuo determine el destino de toda una nación.
Y mientras Venezuela se encuentra en esta encrucijada, el mundo debe tomar nota y aprender. La historia de Venezuela no es solo una advertencia para otras naciones, sino una llamada a la acción. Las democracias no se derrumban de la noche a la mañana; es un proceso insidioso, marcado por pequeños pasos hacia el autoritarismo y la complacencia de aquellos que piensan que no puede suceder aquí.
La comunidad internacional tiene la responsabilidad de apoyar el proceso democrático en Venezuela y garantizar que no se vea comprometido por influencias externas o ambiciones internas. No se puede permitir que el país vuelva a caer en manos de líderes que lo saqueen y repriman a sus ciudadanos.
Desde este espacio, pedimos una solidaridad global en el apoyo a Venezuela. Más allá de la política, es una cuestión de humanidad, de defender los valores universales de justicia y libertad. Es esencial que no solo observemos y comentemos desde la comodidad de nuestros hogares, sino que actuemos, cada uno a su manera, para ayudar a reconstruir la Venezuela que todos deseamos.
En última instancia, el destino de Venezuela está en manos de todos sus ciudadanos. Ellos son los verdaderos guardianes de su futuro. Es nuestra sincera esperanza que, con apoyo y determinación, puedan superar esta oscura etapa y construir un futuro en el que la libertad, la democracia y la prosperidad no sean solo ideales, sino realidades cotidianas.

Para concluir, recordamos una cita del poeta venezolano Andrés Eloy Blanco: «La tierra no olvida a quien la trabaja con amor». Es nuestra esperanza que Venezuela tampoco olvide a aquellos que la aman y que luchan por su renacimiento. Porque, después de todo, no es solo el pasado lo que define a una nación, sino su capacidad de reinventarse y mirar hacia el futuro con esperanza y determinación.
Vierne5 / Editorial
Victor Julio Escalona
Editor
