Venezuela entra en la tercera ronda de su transición
Vierne5. / Política.
Caracas entra en una nueva ronda de diálogo mientras el chavismo se fractura y Machado presiona por elecciones y garantías.

Diálogo político en Venezuela, tercera ronda de negociación, transición democrática venezolana, negociación Gobierno oposición
Venezuela llega este miércoles 14 de octubre a una nueva etapa de su transición con tres disputas desarrollándose al mismo tiempo: una tercera ronda de negociaciones entre el gobierno provisional y una delegación opositora, crecientes fisuras dentro del chavismo por el acercamiento con Estados Unidos y la presión de María Corina Machado para acelerar una salida electoral. Ninguno de esos procesos garantiza por sí solo una democratización, pero juntos están modificando un sistema político que durante años parecía inmóvil.
La nueva ronda de conversaciones estaba prevista para comenzar este miércoles en Caracas después de dos ciclos celebrados desde agosto. El proceso está encabezado por Dinorah Figuera en representación del sector opositor participante y cuenta con un respaldo explícito de Washington. Apenas cinco días antes, Figuera fue recibida en el Departamento de Estado por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien volvió a presentar la reconstrucción institucional como una condición necesaria para que unas futuras elecciones sean sostenibles.
Ese punto permite entender la naturaleza de la negociación. La discusión ya no gira exclusivamente alrededor de una fecha electoral. También incluye quién administrará la justicia, qué autoridad organizará los comicios, cuáles derechos políticos estarán garantizados y hasta dónde está dispuesto a transformarse un aparato estatal construido durante más de dos décadas de predominio chavista.
La tercera ronda llega con el TSJ en el centro
La renovación del Tribunal Supremo de Justicia se ha convertido en uno de los asuntos más concretos de la negociación. En la ronda anterior, gobierno y oposición acordaron avanzar en un mecanismo para revisar las credenciales de los aspirantes y activar el procedimiento para conformar el Comité de Postulaciones Judiciales.
Dinorah Figuera ha planteado noviembre como horizonte para completar la renovación del máximo tribunal. El objetivo declarado por la delegación opositora es conseguir magistrados independientes y restablecer un Poder Judicial capaz de actuar como contrapeso institucional.
Eso constituye un avance procedimental, pero todavía no permite afirmar que exista un nuevo TSJ independiente. Entre diseñar el mecanismo, seleccionar postulados y conseguir que los nombramientos produzcan una transformación real existe una distancia considerable.
La misma precaución debe aplicarse a otros resultados atribuidos al diálogo. Durante 2026 se ha producido un número importante de liberaciones y excarcelaciones, pero los balances disponibles no permiten afirmar responsablemente que más de 1.200 presos políticos hayan sido liberados como resultado directo de las rondas de negociación. Foro Penal registraba 322 presos políticos al 5 de octubre y contabilizaba 1.104 liberaciones o excarcelaciones durante el año, categorías distintas que no deben confundirse.
En una transición donde cada parte intenta mostrar resultados, la precisión de las cifras es también una forma de rendición de cuentas.
Washington dejó de ser un observador distante
La participación estadounidense es otro elemento imposible de ignorar. Rubio recibió a Figuera en Washington el 9 de octubre y expresó un respaldo público al equipo negociador. Su planteamiento fue más amplio que la celebración de elecciones: Estados Unidos quiere instituciones capaces de sostener democracia, estabilidad y crecimiento después de una eventual apertura electoral.
Ese apoyo otorga peso internacional a la delegación encabezada por Figuera, pero también genera preguntas sobre el grado de influencia de Washington en decisiones que corresponden a los venezolanos.
La relación se vuelve todavía más compleja porque Estados Unidos no interviene únicamente en asuntos políticos. Mantiene intereses directos en el petróleo venezolano, participa en discusiones económicas y ha desarrollado una relación pragmática con la administración de Delcy Rodríguez.
La transición venezolana se encuentra así ante una paradoja: Washington presiona para modificar las instituciones del Estado mientras, simultáneamente, necesita estabilidad y cooperación del mismo gobierno que administra esas instituciones.
Apoya a Vierne5: Donar desde 1 €
Los avances existen, pero son parciales
Las negociaciones anteriores han producido movimientos verificables. El Gobierno comenzó a levantar restricciones sobre diversos portales informativos en septiembre. También se abrió el procedimiento para modificar la Ley contra el Odio, después de que la propia Delcy Rodríguez reconociera que la norma había sido mal aplicada y utilizada abusivamente.
Pero ninguno de esos procesos está concluido.
Organizaciones especializadas en libertad de expresión han advertido que numerosos medios continúan bloqueados en algunos proveedores de internet y que la infraestructura utilizada para restringir contenidos sigue operativa. De la misma manera, sectores de la oposición y organizaciones periodísticas sostienen que reformar la Ley contra el Odio es insuficiente y reclaman su derogación completa.
Esta diferencia entre apertura anunciada y apertura efectiva es uno de los asuntos centrales de la transición. Una página web desbloqueada puede volver a bloquearse. Una excarcelación no siempre significa libertad plena. Una reforma judicial puede cambiar nombres sin modificar prácticas.
Por eso el proceso deberá evaluarse mediante resultados acumulativos y no por anuncios aislados.
El chavismo ya no exhibe la unidad de otros tiempos
Mientras gobierno y oposición negocian, el chavismo atraviesa su propia reconfiguración interna. El acercamiento de Delcy Rodríguez a Estados Unidos, la apertura petrolera, la cooperación económica y decisiones tomadas después de la captura de Nicolás Maduro han generado críticas entre antiguos dirigentes y comunicadores identificados durante años con el proyecto de Hugo Chávez.
Figuras como Elías Jaua, Mario Silva y otros referentes históricos han cuestionado públicamente aspectos de la nueva relación con Washington y han expresado preocupación por lo que consideran una pérdida de soberanía o un abandono de principios tradicionales del movimiento.
Esas críticas demuestran que existen fracturas, pero no permiten afirmar que el chavismo esté a punto de desaparecer ni que exista una ruptura definitiva entre sus principales centros de poder.
Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello continúan ocupando posiciones centrales dentro del aparato estatal y político. El interrogante es distinto: cuánto puede modificarse el chavismo para conservar influencia sin romper definitivamente con una base que fue educada durante años en un discurso radicalmente contrario a Estados Unidos.
La transición también se juega dentro del oficialismo.
María Corina Machado permanece fuera de la mesa
La otra gran tensión está en la oposición. María Corina Machado no forma parte de la delegación encabezada por Figuera y ha insistido en la necesidad de acelerar la convocatoria de elecciones presidenciales y establecer garantías claras para la competencia política.
Su ausencia plantea una dificultad para cualquier acuerdo que pretenda obtener legitimidad social amplia. Machado conserva una presencia política significativa y su eventual regreso a Venezuela continúa siendo uno de los asuntos más sensibles del momento.
Eso no significa que Figuera carezca de legitimidad para negociar ni que Machado represente automáticamente a toda la oposición. Significa que el campo opositor tiene estrategias diferentes sobre el orden de la transición.
Una posición sostiene que primero deben reconstruirse instituciones como el TSJ y el Consejo Nacional Electoral para que una elección pueda ser confiable. Otra advierte que una negociación institucional demasiado prolongada puede convertirse en una forma de postergar indefinidamente la decisión ciudadana.
La diferencia es estratégica y tiene consecuencias profundas.
El verdadero dilema: elecciones primero o instituciones primero
En teoría, ambas metas no deberían ser incompatibles. Venezuela necesita elecciones competitivas y también instituciones capaces de proteger sus resultados.
El problema está en el tiempo.
Si las reformas institucionales se prolongan durante años, pueden terminar sirviendo para retrasar la elección. Pero si se convocan comicios rápidamente sin resolver aspectos básicos del sistema judicial, electoral y de libertades públicas, el país podría reproducir los conflictos de legitimidad que intenta superar.
La mesa deberá demostrar que puede avanzar simultáneamente sobre varios frentes:
- renovación verificable del Tribunal Supremo de Justicia;
- reforma posterior del Consejo Nacional Electoral;
- garantías de participación para todas las corrientes políticas;
- libertad de expresión y acceso efectivo a medios de comunicación;
- revisión de los casos de detenidos por motivos políticos;
- actualización del registro electoral, incluida la diáspora;
- y definición de una ruta electoral con fechas y mecanismos de observación.
Sin ese vínculo entre instituciones y calendario, la negociación corre el riesgo de convertirse en una secuencia de reformas desconectadas del derecho final de los ciudadanos a elegir.
La transición tampoco puede reducirse a un acuerdo entre élites
Existe otro desafío menos visible: evitar que el futuro venezolano termine definido únicamente entre dirigentes políticos y gobiernos extranjeros.
La reconstrucción democrática requiere partidos, pero también universidades, gremios, organizaciones sociales, periodistas, empresarios, sindicatos, defensores de derechos humanos y ciudadanos que durante años quedaron excluidos de decisiones fundamentales.
Una transición negociada puede ser necesaria para reducir riesgos y construir garantías. Pero su legitimidad dependerá de cuánto espacio abra después a la sociedad.
Ese principio también aplica a los acuerdos económicos. La recuperación petrolera, la inversión extranjera y el financiamiento internacional pueden ayudar a estabilizar Venezuela, pero no deberían sustituir la discusión sobre quién controla esos recursos, cómo se auditan y qué instituciones responden ante los ciudadanos.
Caracas entra en una fase donde cada concesión genera una nueva exigencia
La dinámica política de los últimos meses muestra un patrón. El desbloqueo de algunos medios produjo reclamos para eliminar toda censura. Las excarcelaciones aumentaron la presión por liberar a quienes continúan detenidos. La reforma de la Ley contra el Odio generó peticiones para derogarla completamente. La renovación del TSJ conduce inevitablemente a la pregunta sobre el CNE.
Eso no significa que los avances carezcan de valor. Significa que una apertura política genera expectativas que ya no pueden contenerse fácilmente.
Delcy Rodríguez necesita demostrar que las reformas son estructurales y no tácticas. La delegación de Figuera necesita convertir acuerdos en cambios verificables. María Corina Machado necesita definir cómo su estrategia electoral se relaciona con una negociación de la que no forma parte. Washington deberá demostrar que su interés en la estabilidad económica no desplaza las garantías democráticas que afirma defender.
Y el chavismo tendrá que decidir cuánto de su antiguo modelo está dispuesto a abandonar para sobrevivir dentro de un sistema más competitivo.
El laberinto venezolano empieza a tener salidas, pero ninguna está garantizada
La tercera ronda de conversaciones representa una oportunidad porque existen asuntos concretos sobre la mesa y porque algunos compromisos anteriores comenzaron a producir efectos. También representa un riesgo: que el proceso se prolongue sin llegar al elemento que otorgaría legitimidad definitiva a cualquier transición, una competencia electoral con garantías.
Venezuela ya no está en el mismo punto de comienzos de 2026. El poder se ha reorganizado, Washington ocupa un papel mucho más directo, el chavismo muestra fisuras y la oposición debate entre negociación institucional y presión electoral.
La pregunta ya no es solamente si habrá cambios. Algunos están ocurriendo.
La pregunta decisiva es si esos cambios terminarán construyendo instituciones que ningún gobierno pueda utilizar nuevamente para excluir a sus adversarios.
El periodismo independiente tiene la responsabilidad de seguir ese proceso sin convertir declaraciones oficiales ni opositoras en hechos consumados. Las contribuciones de los lectores permiten que Vierne5 mantenga una cobertura capaz de contrastar acuerdos, cifras y resultados, independientemente de quién ocupe el poder.
En una transición verdadera, el éxito no debería medirse por quién obtiene más posiciones en una mesa de negociación, sino por cuánto poder recupera el ciudadano frente al Estado.
¿Qué opinas? Escríbenos a redaccion@vierne5.com. Tu voz también cuenta.
Apoya a Vierne5: Donar desde 1 €
También te puede interesar
- Rubio da respaldo total a Figuera para diálogo venezolano
- Figuera: nuevo TSJ debe quedar designado en noviembre
- Delcy Rodríguez pide reformar la Ley contra el Odio para corregir desviaciones en su aplicación
Recibe nuestros titulares directamente en tu correo.
Suscríbete gratis y mantente informado.
Vierne5. / Política.

