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Silencio cómplice vs. voz de resistencia: el dilema del liderazgo venezolano

Vierne5. / La Voz del Lector.

Mientras algunos callan, otros luchan contra la criminalización de los migrantes venezolanos

En tiempos de crisis, el silencio puede ser tan dañino como la complicidad. El liderazgo político venezolano ha demostrado que no puede quedarse de brazos cruzados ante la peligrosa narrativa que busca criminalizar a todos los venezolanos migrantes, exponiéndolos a riesgos impredecibles. La estigmatización colectiva es una nueva amenaza que se suma al drama de la diáspora forzada, y es deber de cada dirigente levantar la voz en su defensa.

Bien por quienes han entendido la gravedad del asunto y han reaccionado a tiempo, denunciando el peligro de esta injusta etiqueta que se intenta imponer sobre nuestros connacionales. Mal por los que han callado durante años de represión y persecución política y que, ahora, de repente, encuentran en esta coyuntura una oportunidad para pasarle facturas a María Corina Machado y Edmundo González Urrutia.

La hipocresía de los «indignados de última hora»

Resulta curioso que algunos actores políticos y opinadores, que hasta hace poco guardaban silencio ante la brutal represión post-electoral en Venezuela, ahora se rasguen las vestiduras con la crisis de los deportados venezolanos. No se les vio alzar la voz cuando miles de dirigentes opositores, activistas, periodistas y ciudadanos de a pie fueron perseguidos, encarcelados y torturados tras el fraude del 28 de julio de 2024.

Ahora, sin embargo, se presentan como los grandes defensores de los derechos humanos y aprovechan la coyuntura para intentar desacreditar a los líderes legítimos de la oposición. No falta quien, en un acto de cinismo, use la difícil situación de los migrantes como una excusa para atacar a María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, en lugar de enfocar su energía en exigir respeto y protección para los venezolanos en el exterior.

Es evidente que hay quienes no han entendido el momento histórico en el que estamos. La lucha no es por cuotas de poder ni por protagonismos personales, sino por la supervivencia de una nación que ha sido despojada de su democracia, su economía y hasta de su gente.

El peligro de la estigmatización y la falsa narrativa del régimen

Desde hace meses, la dictadura de Nicolás Maduro ha impulsado un discurso peligroso: quiere hacer creer al mundo que los migrantes venezolanos no son víctimas de su régimen, sino una amenaza para otros países.

Este relato ha calado en algunos sectores de la opinión pública internacional, facilitando que gobiernos adopten medidas restrictivas, cierres de fronteras y deportaciones masivas sin considerar el daño irreparable que esto provoca en miles de familias.

Lo que más indigna es que esta criminalización de la diáspora ha servido para que algunos políticos oportunistas pretendan ganar puntos, atacando a los mismos líderes que han estado en la primera línea de defensa de los derechos de los venezolanos.

Machado y González Urrutia han sido claros: no se puede permitir que se criminalice a un pueblo entero por la acción de un grupo de delincuentes. No es justo ni correcto. La solución no es estigmatizar a los venezolanos, sino identificar a los verdaderos criminales y darles el tratamiento legal adecuado.

La migración venezolana: víctimas del chavismo, no criminales

El éxodo de más de 7,7 millones de venezolanos no fue una decisión voluntaria, sino una consecuencia directa de la tiranía chavista. La gran mayoría de los venezolanos en el exterior son personas trabajadoras, honestas, que han salido en busca de oportunidades y han contribuido al crecimiento de los países que los han acogido.

Es inaceptable que ahora sean tratados como delincuentes, cuando los verdaderos criminales siguen en el poder en Venezuela. Maduro, Diosdado Cabello y su cúpula son los responsables del auge del crimen organizado, la expansión del Tren de Aragua y la crisis humanitaria que hoy afecta a millones de personas.

La comunidad internacional debe entender que el problema no son los migrantes venezolanos, sino el régimen que los obligó a huir. Y en este punto, el liderazgo político venezolano debe actuar con contundencia y unidad.

¿Qué sigue? Unidad y acción concreta

Ante esta crisis, el liderazgo opositor debe enfocarse en la defensa de los migrantes venezolanos, sin importar diferencias políticas o estratégicas. No es momento de disputas internas ni de ajustes de cuentas. Es momento de alzar la voz y exigir justicia.

Las deportaciones masivas y la criminalización de los venezolanos no pueden quedar sin respuesta. Se debe exigir:

  1. Un tratamiento justo para los migrantes, con procesos legales transparentes y sin violaciones a los derechos humanos.
  2. Un compromiso de los gobiernos de la región para garantizar protección y evitar medidas discriminatorias.
  3. La identificación clara de los verdaderos criminales, evitando castigos colectivos que solo generan más sufrimiento.
  4. Mayor presión internacional sobre el régimen de Maduro, que es el verdadero causante de esta crisis.

Conclusión: el enemigo no es la oposición, es la dictadura

Es momento de definiciones claras. El enemigo no es María Corina, ni Edmundo, ni la oposición democrática. El enemigo es el régimen de Nicolás Maduro, que ha llevado al país al colapso y ha convertido a los venezolanos en refugiados del mundo.

Desde esta tribuna denunciamos a quienes guardaron silencio ante la represión y ahora alzan la voz solo para desviar la atención del verdadero problema. La lucha es por la libertad, el respeto a los derechos humanos y la dignidad de millones de venezolanos que no merecen ser estigmatizados ni tratados como criminales.

Venezuela merece justicia, no más manipulaciones políticas ni oportunismos baratos.

Vierne5. / La Voz del Lector.

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