Maduro se rinde al chantaje con tal de seguir en el juego
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Migrantes por chevrondólares: la nueva moneda de cambio en la mesa de mafias que gobierna Miraflores

Por Redacción Editorial | Vierne5
Así que, después de toda la retórica altisonante, de las arengas contra el imperialismo y los cantos de soberanía, la realidad terminó por imponerse. La rosca de Miraflores ha terminado aceptando las exigencias impuestas desde Washington. Sin más vueltas. Sin más teatro. Sin más patria.
La reanudación de los vuelos de deportación desde EE.UU. —confirmada por Jorge Rodríguez y alineada al ultimátum emitido por el Departamento de Estado— no es más que la evidencia irrefutable de una claudicación disfrazada de gesto humanitario.
¿Y qué hay detrás de esta “cooperación”? Muy simple: dinero.
Maduro no hace nada sin buscar cobrarlo. Recibir migrantes a cambio de chevrondólares o por la promesa de mantener viva la posibilidad de nuevas negociaciones petroleras. Ese es el “trueque” que se cocina en los sótanos de Miraflores. Una operación cínica, con vidas humanas como mercancía, para seguir engordando los bolsillos de la élite roja.
¿Y las críticas a Nayib Bukele? ¿Ese falso escándalo por los migrantes venezolanos detenidos en el Cecot? Tal vez lo que en realidad esconde esa escandalera es pura envidia: Maduro quisiera ser él quien cobre por cada venezolano deportado. En su helicoide particular también hay espacio. Y silencio. Y oscuridad.
Mientras tanto, los venezolanos —tanto dentro como fuera del país— siguen siendo tratados como simples fichas de negociación, monedas de canje en una mesa de mafiosos. Esa ha sido siempre la lógica del chavismo: utilizar a los ciudadanos como rehenes. Así deshumanizaron a los presos políticos, así ahora negocian con los migrantes.
No es casual. Es un modelo. Es la esencia del poder que construyó Chávez y que Maduro perfeccionó: convertir el sufrimiento de los venezolanos en una herramienta para negociar con el mundo, ya sea petróleo, oxígeno diplomático o supervivencia política.
Lo verdaderamente aterrador es que esto ocurre a plena luz del día, mientras la ONU, la OEA, y varios gobiernos que dicen defender los derechos humanos miran hacia otro lado o lanzan tímidas declaraciones de “preocupación”.
¿Hasta cuándo?
Desde esta tribuna lo decimos claro: no se trata de vuelos ni de deportaciones. Se trata del alma de una nación humillada, secuestrada, utilizada y revictimizada. Se trata de la dignidad de millones que tuvieron que huir porque el país se volvió inhabitable, y ahora se ven usados como piezas en un tablero geopolítico cruel y desalmado.
Ojalá el mundo despierte.
Y si no lo hace, que al menos Dios se apiade de los venezolanos. Porque los demonios ya están sueltos… y bien instalados en el poder.
Vierne5. / Editorial.
Victor Julio Escalona
Editor.

