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Leales

Punto y análisis.

Vierne5 / Félix Reyes.    Cuando en junio de 2020, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela designó a la abogada Indira Alfonzo, como nueva presidenta del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, dando cese de funciones a Tibisay Lucena, en un arranque de ingenuidad y en respuesta a la pregunta de una periodista, Diosdado Cabello explicó que la funcionaria iba ahora “a nuevas responsabilidades” encomendadas por el presidente de la República.

Reconocía Cabello entonces algo que en Venezuela sabe todo el mundo, pero que el único que pretende no conocerlo es el gobierno: que aquí todo funcionario de toda o de cualquier institución, son escogidos y designados desde el Palacio de Miraflores y desde la sede de Psuv.

Esa práctica se ha mantenido, lo que ahora ha cambiado es que la reconocen solo por accidente como el cometido por el señor Cabello al considerar que la señora Lucena cumplió el trabajo encomendado en el Consejo Nacional Electoral y que ahora iba a ser designada como rectora de la Universidad de Las Artes, para luego ser enviada como ministra de Educación Superior, cuyo cargo ejerce hasta hoy, para afrenta a los profesores y a esas casas de estudio.

Para Cabello, y eso es así, todos los funcionarios de todos los organismos de la institucionalidad venezolana, son fichas del gobierno y así deben comportarse. Son empleados gubernamentales por igual los altos cargos de la Contraloría General de la República, que debiera considerarse independiente y autónoma porque de otra forma no podrían cumplir sus funciones, como los de la Procuraduría General, la Fiscalía, el CNE y el Tribunal Supremo de Justicia, para no mencionar sino unos pocos.

Por ello tal vez que lo primero que le sacó Cabello a Luisa Ortega Díaz, cuando ésta decidió volteárseles, fue su desag4radecxiieto porque ellos le dieron el empleo. Casi que le dijo que de gris funcionaria ellos la habían puesto a trabajar, porque de otra forma no hubiera conseguido empleo. Y de allí la llamó desleal y traidora. Dijo que lo que ellos en el gobierno y en el Psuv, lo que no están dispuestos a tolerar es la lealtad, una lealtad que está directamente asociada al salario que te pagan, llámese en el CNE, en el TSJ, en un ministerio, en la Universidad de las Artes, o en la Contraloría General de la República.

Aquí el funcionariado viene del partido y cuando nombran a alguien, estos “renuncian” a su militancia y se declaran imparciales justo en el momento que le toman juramento.

En días pasados, y solo para poner un ejemplo reciente, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, le pidió a uno de los rectores principales del CNE, Roberto Picón, “que renuncie al cargo” y se vaya a hacer política, a buscar los votos en la calle, “porque no está actuando como árbitro”, y le dijo que siguiera el ejemplo del presidente del CNE, Pedro Calzadilla, “que ese sí se porta bien”.  Se porta bien, claro, porque actúa según le mandan a hacer; como por ejemplo, a recoger firmas para la convocatoria de un referéndum revocatorio en tiempos y modos imposibles de cumplir.

Son leales.

Por eso es que, actuando bajo el mismo patrón, esta semana, cuando el Tribunal Supremo de Justicia presidido por Maykel Moreno inició sus actividades correspondientes a este año, lo primero que les destacó Nicolás Maduro fue su agradecimiento por la lealtad que le tienen al gobierno, tanto su presidente como todos los magistrados de las diversas cortes.

No desaprovechó Maduro para repartir elogios al CNE, “por la fortaleza y transparencia del Sistema Electoral venezolano”, reconocida ya, según el mandatario, hasta por los Estados Unidos y España.

El señor Calzadilla es historiador, quién sabe cómo va a escribir la historia que pasa en hoy sus manos.

No serán objetivos ni imparciales, pero son leales.

Un salario está de por medio. Son funcionarios públicos, son funcionarios de la administración.

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