La verdad que no se puede ocultar: El narcoestado y la urgencia de una respuesta internacional
Vierne5. / Editorial.
La comunidad democrática observa atónita cómo el régimen de Maduro, heredero de Chávez, consolida el mayor experimento criminal en el hemisferio, superando incluso a las ambiciones de Noriega y Escobar.

Lo que está a la vista no necesita anteojos. Cuando repasamos la historia de los grandes barones de la droga, como Manuel Antonio Noriega y Pablo Escobar, y la comparamos con la realidad de Venezuela, solo podemos concluir que Hugo Chávez, y ahora Nicolás Maduro junto a su camarilla, han logrado lo que aquellos dos capos no pudieron: consolidar un auténtico narcoestado en territorio venezolano.
Noriega y Escobar anhelaron, cada uno por su lado, someter a sus naciones hasta convertirlas en bastiones del narcotráfico, pero sus ambiciones quedaron truncas por la presión internacional y el rechazo de sus propios conciudadanos. Chávez, en cambio, montó una estructura tan profunda que ha sobrevivido incluso a su propia muerte, con operadores tan turbios como Diosdado Cabello y el mismo Maduro, quienes hoy controlan las rutas del narcotráfico en Venezuela.
Para nadie es un secreto que las fronteras del país, de norte a sur y de este a oeste, se usan como corredores de la droga rumbo a mercados internacionales. El régimen, cada vez más aislado y necesitado de divisas, recurre a la corrupción y al crimen organizado para mantener su poder. Quienes deberían velar por la seguridad, es decir, altos mandos militares y jefes policiales, reciben suculentas tajadas de este negocio ilícito, muy por encima de los sueldos oficiales, que resultan miserables en comparación con las enormes ganancias del narcotráfico.
La estrategia es evidente: un guardia nacional o un oficial de alto rango no arriesgará las jugosas sumas que obtiene del narcoestado para defender la Constitución o los derechos del pueblo. Así se perpetúa Maduro: con el apoyo de una cúpula armada que traiciona diariamente sus obligaciones de proteger a la ciudadanía y el Estado de derecho.
En medio de este panorama desolador, la única esperanza real para Venezuela radica en la presión internacional y en el apoyo decidido de países y líderes capaces de entender que, sin acciones contundentes, el crimen seguirá enquistado en el poder. El enviado especial de la Casa Blanca, Richard Grenell, prometió nuevas reuniones y contactos para delinear medidas duras contra el régimen. Según trascendidos, estas abarcarían sanciones más severas, que anulen la capacidad de maniobra de los altos funcionarios chavistas.
Por su parte, el Consejo Universitario de la UCV, en línea con el pronunciamiento del Europarlamento, subraya que el “centro de la crisis nacional” se encuentra en la juramentación ilegítima de Nicolás Maduro, quien usurpa la presidencia luego de un proceso cuestionado por la mayoría de la población y desconocido por múltiples gobiernos del mundo.
Es hora de llamar al pan pan y al vino vino. El término “narcoestado” no es una exageración; es la descripción fiel de un gobierno que ha degradado las instituciones venezolanas hasta convertirlas en cómplices de un tinglado criminal. A estas alturas, intentar ocultar la realidad con retórica oficialista o maniobras de distracción resulta inútil. La comunidad internacional debe dejar de lado los formalismos y actuar con la firmeza que esta crisis exige.
Los venezolanos no esperan milagros, sino el respaldo de quienes comprenden la gravedad de la situación. Las reuniones anunciadas por Grenell deben traducirse en decisiones concretas y urgentes, porque la tiranía que oprime a Venezuela no cederá mientras cuente con millones de dólares provenientes de negocios ilícitos y la indiferencia —o tibieza— de algunas potencias extranjeras.
Cualquier gesto amistoso o ambiguo hacia el régimen chavista solo prolonga el sufrimiento de un país sometido por la corrupción y el narcotráfico. Que no nos tiemble la mano ni la voz para denunciar una realidad que asfixia a la nación. El “efecto Trump” mencionado recientemente debe seguir resonando hasta aislar y desmantelar al narcoestado venezolano. Solo así, la voluntad de los venezolanos podrá abrirse paso y la democracia, finalmente, tendrá una oportunidad real de renacer.
Vierne5. / Editorial.
Victor Julio Escalona
Editor.

