La peligrosa espiral de las expropiaciones y el control cambiario vuelven a mostrar sus caras en Venezuela
Vierne5/ Editorial: La urgencia de un cambio económico en el país.

Un análisis detallado del comunismo en Venezuela y de las estrategias implementadas por estos gobiernos, nos revela un patrón alarmantemente predecible.
Desde 2001 en adelante, la economía venezolana ha sido víctima de políticas que han desfigurado su estructura económica, ahogado su productividad y empobrecido a su población. En el núcleo de estas políticas, dos tácticas recurrentes y devastadoras sobresalen: las expropiaciones de empresas privadas y un régimen de control cambiario que distorsiona los fundamentos del mercado.
Los gobiernos de inclinación comunista, bajo la bandera del antiimperialismo y la redistribución, primero desatan campañas de deslegitimación contra empresas privadas que generan empleos y sustentan la economía. Las acusaciones de explotación o manipulación de mercado crean un ambiente hostil que justifica acciones radicales y, a menudo, arbitrarias. El siguiente paso es la expropiación, presentada como una medida necesaria «para proteger los intereses nacionales». Pero hemos visto esta estrategia fracasar: después de tantos años, todavía hay propietarios esperando indemnización tras haber sido asaltados en sus bienes.
La historia y los hechos han demostrado que estas expropiaciones rara vez benefician al público. La gestión ineficaz de las empresas estatizadas provoca una producción en declive, falta de innovación y, finalmente, el colapso de sectores enteros de la economía. Más de mil empresas expropiadas en Venezuela son el ejemplo más claro de este fenómeno, con un impacto desastroso y directo en el empleo y la calidad de vida.
Simultáneamente, el control cambiario, implementado para administrar la distribución de divisas y contener la inflación, ha creado un sistema económico esquizofrénico y corrupto con múltiples tipos de cambio que benefician a una minoría privilegiada. Mientras tanto, la mayoría de los venezolanos sufre la inflación descontrolada y la escasez de bienes básicos. Este caos ha llevado a muchas empresas extranjeras a abandonar el país, contribuyendo a un gigantesco sistema de corrupción.
El sistema de cambio múltiple distorsiona el valor real de la moneda, desincentiva la inversión extranjera y fomenta el mercado negro. Los precios de bienes y servicios están desconectados de la realidad, complicando la planificación diaria para las empresas y creando una carga constante para los consumidores. Todo esto conduce a un enorme monstruo de corrupción que ha paralizado a la nación.
Es imperativo que Venezuela haga un giro radical en su política económica. La historia global demuestra que las economías de mercado, reguladas justa y eficientemente, promueven la prosperidad y la estabilidad. La inversión privada, la protección de la propiedad y una política cambiaria coherente y transparente son esenciales para revitalizar la economía venezolana.
Venezuela se encuentra en una encrucijada crítica. Puede continuar en el camino del control gubernamental y la economía planificada, o elegir el camino probado del respeto por la libre empresa y un mercado regulado. Es momento de acabar con las expropiaciones sin sentido y los esquemas cambiarios caóticos, para abrazar un futuro donde la libertad económica y la iniciativa privada puedan florecer.
Victor Julio Escalona
Editor

