La estigmatización de los empresarios y el relato comunista
Vierne5/ Editorial: Cómo los gobiernos comunistas demonizan a los emprendedores para consolidar su control económico y político.

En continuidad con mi editorial anterior, me parece imperativo abordar la forma en que los gobiernos comunistas en Venezuela han cultivado un discurso que estigmatiza a los empresarios independientes, los profesionales y todo aquel que se esfuerza por ganar su propio dinero.
En un relato cuidadosamente construido, el régimen se exime de toda responsabilidad por los problemas económicos del país, desviando la culpa hacia estos sectores y creando un ambiente hostil para quienes aspiran a progresar mediante el trabajo y la innovación.
Los empresarios independientes, que deberían ser vistos como motores de desarrollo, son retratados como villanos en el relato oficial. Se les acusa de explotar a los trabajadores y manipular el mercado, alimentando el resentimiento popular hacia quienes generan empleos y oportunidades. Este discurso no solo erosiona la confianza social en el emprendimiento, sino que también justifica la intervención estatal y la confiscación de sus bienes.
Los profesionales, aquellos que han dedicado años a su formación y especialización, son igualmente denostados. En lugar de reconocer su esfuerzo y su contribución al país, el régimen los trata como una élite egoísta que busca perpetuar la desigualdad. Se niega el mérito de su trabajo para ajustar el relato a la narrativa del régimen.
Este enfoque es especialmente perjudicial porque socava la moral de los trabajadores que buscan mejorar su calidad de vida mediante el mérito propio. La creatividad, la innovación y el espíritu empresarial son reemplazados por el conformismo, ya que el Estado se erige como único proveedor, mientras que los ciudadanos se ven privados de oportunidades reales para crecer.
El relato comunista es claro en su propósito: desviar la atención de la mala gestión gubernamental, de las políticas económicas fallidas y del ahogamiento sistemático de la economía por medio de expropiaciones y regulaciones draconianas. En lugar de asumir la responsabilidad de un entorno económico que ha perdido competitividad, el régimen opta por sembrar división y resentimiento.
La narrativa que identifica a los empresarios como la causa de todos los males económicos no solo es deshonesta, sino que también es destructiva para cualquier intento de revitalizar el país. Sin una clase empresarial independiente que invierta y crea empleos, no hay esperanza de crecimiento económico sostenible.
Es hora de que Venezuela reconozca el valor de sus empresarios y profesionales, de aquellos que han construido sus fortunas mediante el esfuerzo y que, a su vez, generan oportunidades para otros. Debemos dejar de lado los relatos divisivos que buscan chivos expiatorios y, en su lugar, avanzar hacia un modelo que valore el emprendimiento, la innovación y el esfuerzo personal como herramientas para el progreso social.
Victor Julio Escalona
Editor

