El régimen acorralado: represión, reformas y el miedo de Maduro
Vierne5. / Editorial
Cuando los votos no bastan, las balas y las mentiras se convierten en el único sostén del poder.

A medida que el calendario avanza hacia el emblemático 10 de enero, el régimen de Nicolás Maduro intensifica sus maniobras para mantenerse aferrado al poder. En menos de un mes, la fecha marcará un punto de inflexión en la prolongada lucha por la democracia en Venezuela, con la anunciada toma de posesión de Edmundo González Urrutia, el presidente electo por la voluntad popular expresada el pasado 28 de julio.
En lugar de reflexionar sobre el contundente rechazo de millones de venezolanos, Maduro opta por las herramientas que mejor domina: represión, persecución y propaganda. En los últimos días, hemos sido testigos de un aumento en las detenciones arbitrarias de líderes opositores y activistas, así como de la amenaza directa a organizaciones de derechos humanos como Provea, a la que ha señalado como «agente de la CIA» por su persistente denuncia de violaciones y su resistencia a callar frente al fraude electoral.
Una reforma constitucional como cortina de humo
La respuesta del régimen a su propia crisis de legitimidad ha sido la promesa de una reforma constitucional, anunciada con grandilocuencia por Maduro, quien afirma que este movimiento busca «democratizar aún más la sociedad venezolana». Sin embargo, la historia reciente nos obliga a leer entre líneas: en 2017, una maniobra similar, la Asamblea Nacional Constituyente, sirvió únicamente para sofocar las protestas que pedían su renuncia y para imponer leyes represivas, como la infame Ley contra el Odio, que criminaliza cualquier disidencia.
Maduro no busca «soberanía popular». Busca blindar su dictadura con un ropaje pseudo-democrático mientras ignora los clamores de un pueblo que ya lo despidió en las urnas. La reforma constitucional no es más que otra pieza de su estrategia para eternizarse en el poder, eliminar cualquier vestigio de oposición y consolidar su modelo totalitario.
Un régimen sostenido por el miedo
Las acciones de Maduro son las de un hombre acorralado. Sus movimientos erráticos —desde las detenciones hasta las amenazas y reformas vacías— reflejan un régimen que sabe que perdió los votos, la legitimidad y el apoyo popular. Todo lo que le queda es el miedo:
- Miedo a las consecuencias de su estafa electoral.
- Miedo al pueblo que ya decidió que su tiempo terminó.
- Miedo a que sus balas y su represión no puedan contener por más tiempo el grito de libertad de los venezolanos.
Y tiene razones para temer. La comunidad internacional observa con atención cada uno de sus pasos, mientras las fuerzas democráticas internas, lideradas por Edmundo González y María Corina Machado, se preparan para el desenlace de este capítulo de la historia venezolana.
El comienzo del fin
Maduro insiste en avanzar con sus reformas y amenazas, pero su huida hacia adelante tiene un límite. Los venezolanos ya han demostrado que no se rinden. Con cada preso político, con cada amenaza a las ONG y con cada maniobra desesperada, el régimen no hace más que reforzar la convicción de un pueblo decidido a conquistar su libertad.
Maduro puede intentar reinventar su dictadura, pero la historia —como el 23 de enero de 1958— nos recuerda que el poder sostenido por la fuerza y el miedo no es eterno. La voluntad popular es imparable, y el régimen sabe que el reloj sigue corriendo en su contra.
El 10 de enero marcará el inicio de un nuevo capítulo. Y desde aquí decimos con firmeza: la democracia no se impone, se conquista, y los venezolanos están listos para hacer valer su victoria.
Victor Julio Escalona
Editor

