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El precio lo paga el pueblo

Vierne5. / la Voz Del Lector.

Tasa del BCV, especulación y voracidad: cuando el ciudadano honesto es el único que siempre pierde

Por la redacción de Vierne5

La imposición del régimen de Nicolás Maduro de que el comercio se rija por la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) es, a todas luces, un decreto diseñado desde la desconexión total con la realidad económica. Sin embargo, más allá de la narrativa oficial, la verdad es que los supermercados —los grandes y los pequeños— difícilmente se verán afectados.

¿Por qué? Porque el comerciante más básico, el más novato en el arte de sobrevivir en Venezuela, ha aprendido a especular como mecanismo de defensa. Sabe que el régimen cambia las reglas del juego cada semana, que los costos aumentan sin previo aviso, y que la inflación puede devorar los precios en cuestión de horas. Por eso ajusta, exagera, y aplica el doble del tipo de cambio paralelo —incluso cuando el BCV no ha dicho ni esta boca es mía.

Eso no quiere decir que esté bien. Es simplemente un síntoma más del desorden generalizado que ha creado un modelo económico sin rumbo ni reglas claras. En esta jungla económica, los más grandes abusan, los medianos sobreviven, y los pequeños se arruinan. Pero el que siempre, sin excepción, termina jorobado, es el ciudadano honesto, el que no tiene margen para maniobrar, el que cobra un salario miserable o vive del rebusque, de una pensión, o de la remesa que cada vez alcanza menos.

Veamos un ejemplo real. A inicios del año pasado, una familia podía llenar una cesta básica muy limitada con unos 2.000 bolívares. Hoy, esa misma cesta cuesta más de 10.000 bolívares. ¿Alguien vio aumentar cinco veces su salario en ese lapso? Por supuesto que no. Los únicos que vieron crecer sus ingresos fueron los que están enchufados al poder, los que viven de negocios turbios, o los que tienen la suerte de facturar en dólares.

Mientras tanto, el venezolano de a pie ve cómo su calidad de vida se evapora como el agua en una olla hirviendo. El costo de la vida es insoportable. Todo sube, excepto el sueldo. Y el Estado, en lugar de proteger al consumidor o garantizar un entorno económico estable, prefiere imponer su fantasía cambiaria con amenazas, sanciones y fiscalizaciones que no resuelven nada.

En esta ecuación perversa, la voracidad comercial se encuentra con la incompetencia gubernamental, y en el medio queda el pueblo, exprimido por ambos lados, sin ahorros, sin respaldo, sin derechos.

Desde esta tribuna lo denunciamos con fuerza: no hay país que pueda avanzar con ciudadanos condenados a vivir de milagro en una economía controlada por el miedo y la codicia. No basta con culpar al comercio ni al BCV, porque el verdadero culpable de este desastre es el modelo político que destruyó la institucionalidad, acabó con el aparato productivo, y reemplazó la economía de mercado por una economía de sobrevivientes.

El pueblo no necesita más discursos ni más decretos absurdos. Necesita libertad, seguridad jurídica, salarios dignos y una economía funcional. Lo demás es puro teatro.

Vierne5. / La Voz del Lector.

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